jueves, 23 de mayo de 2013

Guerra civil chilena (1891)

La Guerra civil chilena de 1891, también conocida como Revolución de 1891, fue un conflicto armado en Chile entre partidarios del Congreso Nacional contra los del Presidente de la República José Manuel Balmaceda.
Tras una serie de disputas entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, la discusión sobre el presupuesto del año 1891 finalmente generaría el estallido del conflicto interno. Mientras las fuerzas del Ejército de Chile se dividieron, apoyando ambos bandos, la Armada se unió a los congresistas. Desde Iquique los revolucionarios iniciaron, con apoyo de material británico, una serie de campañas con el fin de derrocar a Balmaceda, que estableció una férrea dictadura y opresión sobre sus opositores.
Tras la batalla de Concón y la batalla de Placilla, las fuerzas leales al presidente fueron derrotadas. Balmaceda entregó el poder a Manuel Baquedano el 28 de agosto, mientras las fuerzas revolucionarias entraban a Santiago, y se refugió en la legación argentina, suicidándose el 19 de septiembre de 1891, un día después de que expirara su período constitucional como Presidente.
La victoria de las fuerzas congresistas marcó un importante hito en la historia de Chile. La sociedad chilena enfrentó una gran división tras el conflicto bélico, que dejó entre 50001 y 10 0002 muertos. Las reformas a la Constitución de 1833 dieron fin a la llamada República Liberal y se inició el Régimen Parlamentario que imperaría en Chile hasta 1925.




Causas

Las principales causas de esta guerra fueron:
  • Conflicto Presidencialismo-Parlamentarismo: El mandatario gobernó interpretando la constitución como presidencialista, con lo que se ganó la oposición de los partidos políticos y el congreso nacional, que habían desarrollado una lectura parlamentarista de la carta fundamental. Ello le significó múltiples obstáculos a Balmaceda, por parte del parlamento, para poder cumplir sus propósitos.3
  • Intervención electoral: Balmaceda pretendía designar, tal como lo habían hecho sus antecesores, al congreso y a su sucesor en la presidencia por medio de la intervención electoral del gobierno, en contra de los llamados por la libertad electoral hechos por los partidos políticos, y que se convirtió en su principal bandera de lucha contra Balmaceda.
  • Hegemonía oligárquica en peligro: Balmaceda nombró como ministros a jóvenes no pertenecientes a la oligarquía tradicional. Este grupo reaccionó al prever la posibilidad de disminuir su poder político y social, por lo que se opuso al presidente.[cita requerida]
  • Proyecto Económico de Balmaceda: El presidente tenía la intención de aumentar la exportación del salitre, incrementando los ingresos fiscales, para así, poder financiar el plan de obras públicas del gobierno. Pero los empresarios del salitre (principalmente John North), parte de la oligarquía y el parlamento, querían exportar cantidades limitadas, para que no disminuyera su precio en el mercado internacional. Por lo que pasaron a formar parte de la oposición.[cita requerida]
  • División de las fuerzas Armadas: Para el desarrollo de la guerra fue fundamental la división de las fuerzas armadas, ya que sin este suceso, el bando de Balmaceda no habría podido oponer resistencia. El ejército (de tradición prusiana), apoyó al presidente, y la Armada, a la causa congresista (de tradición inglesa, rivales de los alemanes).
  • Crecientes niveles de odio político: Los niveles de respeto debidos a las autoridades de gobierno y a los opositores, y que habían marcado la convivencia anterior, se vieron sobrepasados, por medio de la agresión de una prensa virulenta que llegó a incluir en sus ataques a los familiares y a las vidas privadas de los hombres públicos.4
  • Conflicto con la Iglesia: Por la condición liberal de Balmaceda, y su antiguo apoyo a la enajenación del poder eclesiástico sobre el estado, los clérigos y los políticos conservadores mantuvieron una oposición virulenta al presidente, en particular por parte de la juventud conservadora.5

Estallido del conflicto

La junta revolucionaria de Iquique: De izquierda a derecha Waldo Silva, Vicepresidente del Senado; Jorge Montt Álvarez, capitán de navío y presidente de la misma; y Ramón Barros Luco, presidente de la Cámara de Diputados.
Tanto el parlamento como el presidente se negaron a ceder,6 por lo que al llegar el 1 de enero de 1891, Balmaceda estableció por decreto la prórroga de los presupuestos del año anterior. Esto condujo a la crisis institucional, el Congreso Nacional declaró al Presidente fuera de la ley, a lo que Balmaceda respondió instaurando la dictadura, asumiendo todo el poder público necesario para la administración y gobierno del estado y el mantenimiento del orden interior.7
Apoyándose en la mayor parte de la Armada y parte importante del ejército, el Congreso confió el mando al capitán de navío Jorge Montt Álvarez el 6 de enero de 1891 para defender "la constitución y las leyes". Para que el movimiento de la armada no fuera considerado como un simple pronunciamiento, los marinos exigieron la presencia de los presidentes de ambas Cámaras, lo que hicieron de inmediato Ramón Barros Luco, presidente de la Cámara de Diputados, y Waldo Silva, vicepresidente del Senado. El 7 de enero, la escuadra se sublevó contando con los blindados Cochrane y Blanco Encalada, el crucero Esmeralda, la corbeta O´Higgins y la cañonera Magallanes.8 . El monitor Huáscar estaba del lado de los congresistas.
Como la mayoría del Ejército se mantuvo en obediencia al Presidente, la escuadra se dirigió al norte, para tomar la rica zona salitrera, que sería la caja de fondos de la revolución y donde reclutaría soldados para formar un ejército con el cual enfrentarse al gobierno. La zona era favorable a la conquista: el gobierno reprimió por las armas algunas huelgas producidas por la carestía del bloqueo de la escuadra; ciertos oficiales simpatizaban con la causa del Congreso; los dueños de las salitreras no miraban con buenos ojos la política comercial de Balmaceda ni el régimen dictatorial impuesto por éste, después de conocer el alzamiento.
Bando leal al Congreso Bando leal al Presidente
Estanislao del Canto Arteaga
Arturo Fernández Vial
Adolfo Holley
Jorge Montt Álvarez
Gregorio Urrutia
Santiago Amengual Balbontín
José Luis Araneda Carrasco
Orozimbo Barbosa Puga
José Antonio Bustamante
José María del Canto Arteaga
Diego Dublé Almeyda
Juan José Latorre Benavente
Oscar Viel y Toro
José Velásquez Bórquez
Juan Williams Rebolledo
El primer enfrentamiento fue el combate de Zapiga, el 21 de enero de 1891 que desencadenó la Campaña del Norte.
Los revolucionarios capturaron Pisagua, con un ejército que no pasaba todavía de 1200 voluntarios, soldados y marineros, y que era comandado por el coronel Estanislao del Canto. El encuentro con las tropas balmacedistas, conformadas por 900 soldados al mando de Eulogio Robles Pinochet, se realizó en Huara, ubicada entre Pisagua e Iquique el 17 de febrero. Después de cuatro horas de combate las tropas congresistas fueron derrotadas.
La situación crítica de los revolucionarios cambió con la captura de Iquique por el capitán de navío Merino Jarpa, quian al mando de 40 marineros logró rechazar el ataque de Robles.
Dueños de Iquique y con la simpatías de los trabajadores de la pampa, el Ejército Constitucionalista, como se hacían llamar las fuerzas que representaban al Congreso, incrementaron su ejército y vencieron a Robles en el combate de Pozo Almonte, siendo asesinado sin piedad por la soldadesca, aun cuando se encontraba herido.
Las provincias de Tarapacá, Antofagasta y Atacama quedaban al mando de la revolución.

La Junta de Iquique y la dictadura balmacedista

La Junta de Iquique

Junta de Gobierno de Chile durante la guerra civil en Iquique, 1891
Desde el principio, los revolucionarios tuvieron en Santiago una junta secreta que dirigía la revolución desde tierra. Con la conquista del norte, el 12 de abril de 1891 organizaron la Junta de Gobierno de Iquique, compuesta por el Capitán de Navío Jorge Montt Álvarez, que la presidiría, Waldo Silva, Vicepresidente del Senado y Ramón Barros Luco, Presidente de la Cámara de Diputados como vocales, la que actuaría como órgano de gobierno, en reemplazo del Presidente de la República, con Enrique Valdés como secretario y asesorada por cuatro ministros: Interior y Obras Públicas, que se reservó para Manuel A. Matta ; Relaciones Exteriores y Justicia, Culto e Instrucción Pública, a cargo de Isidoro Errázuriz; Hacienda, a cargo de Joaquín Walker Martínez; Guerra y Marina, a cargo del Coronel Adolfo Holley.
Junto con el decreto de creación de la Junta, se dio a conocer públicamente, por primera vez, el acta de deposición de Balmaceda, documento ignorado por la mayoría de los congresistas.
Sus agentes en el extranjero, los financistas y banqueros Augusto Matte y Agustín Edwards Ross, lograron la compra de armas de los últimos modelos en Estados Unidos, superiores a las del ejército de Balmaceda, y pusieron trabas a la entrega de los cruceros "Presidente Pinto" y "Presidente Errázuriz" y el acorazado "Capitán Prat" que desde antes de la revolución se construían en Francia.

La dictadura balmacedista

Mientras en el norte se consolidaba el gobierno de la junta, en el resto del país se instalaba una férrea dictadura bajo la dirección del Ministro Domingo Godoy, dispuesto a aplastar la rebelión sin reparar en los medios: las universidades y algunos liceos fueron cerrados, así como los clubes y centros políticos; las cárceles se llenaron de enemigos del régimen; los diarios fueron cerrados, las cortes fueron reemplazadas por tribunales militares; fueron incautadas arbitrariamente las haciendas de los opositores; además de realizarse en campos y ciudades enrolamientos forzosos, destinados a incrementar el ejército del gobierno.
Balmaceda decidió legitimar su gobierno, disolviendo el Congreso y convocando a elecciones parlamentarias, postulando como su sucesor a Claudio Vicuña.
Los atropellos en todo orden cometidos por Godoy, causaron que la mayoría del Congreso recién elegido solicitara la renuncia del ministro de La Moneda. Por ese motivo, se organizó otro ministerio al mando de Julio Bañados Espinoza, quien propuso reformas semejantes a las contenidas en la Constitución de 1833, entre ellas, el establecimiento de un régimen presidencial.9

Fuerzas navales comparadas

Las fuerzas congresistas contaban con el blindado "Blanco", la corbeta "O'Higgins", el crucero "Esmeralda", el blindado "Cochrane", el monitor "Huáscar" y la cañonera "Magallanes". El Presidente José Manuel Balmaceda Fernández sólo contaba con las torpederas que estaban en sus varaderos, protegidas dentro del galpón de la Caleta de Las Torpederas. Otros buques como los cruceros "Presidente Errázuriz", "Presidente Pinto" y el acorazado "Capitán Prat" se encontraban en construcción en Europa. La corbeta "Abtao" regresaba de su viaje al Mediterráneo y el cazatorpedero "Almirante Condell" navegaba por el Atlántico.

Hundimiento del "Blanco Encalada"

Ataque al Cochrane con botes torpedos.
La mayor parte de la escuadra estaba en manos de los revolucionarios; se estaban construyendo en Francia una serie de buques, de los cuales Balmaceda recibió las torpederas Almirante Lynch y Almirante Condell. Éstas atacaron por sorpresa en la madrugada del 23 de abril sobre el puerto de Caldera, lanzando sus torpedos sobre el Blanco Encalada, hundiéndolo. A bordo del buque se encontraba Ramón Barros Luco, integrante de la Junta de Iquique, quien logró salvar con vida, y Enrique Valdés Vergara, Secretario General de la Escuadra, quien murió junto a otros 11 oficiales y 171 tripulantes, tanto civiles como militares. Éste fue el llamado Combate Naval de Caldera. Si bien el hundimiento significó una pérdida importante de armas, municiones y vituallas para las tropas en tierra,10 no logró romper la superioridad marítima de la Junta de Iquique.
El 15 de mayo de 1891, Ismael Valdés Vergara, hermano de Enrique, fue designado como Secretario General de la Escuadra por la Junta de Iquique.11
En tiempos posteriores, Barros Luco desmentiría la anécdota que afirmaba que se habría salvado asido de la cola de una vaca, que era parte del ganado en pie que se acostumbraba a llevar a bordo, porque no sabía nadar.12
El Blanco Encalada fue el primer blindado en el mundo en ser hundido por un torpedo disparado desde otro navío.

La ofensiva revolucionaria

Soldados del bando gubernamental.
El ejército revolucionario recibió armamentos de último modelo, principalmente británico (dueños de la mayores compañías salitreras), y bajo la dirección del teniente coronel alemán Emilio Körner se agruparon 10.000 hombres, entre soldados voluntarios reclutados de las oficinas salitreras y oficiales improvisados entre los jóvenes llegados ocultamente desde distintas zonas del país, tenía en su poder las ricas regiones del norte y la Armada (de tradición inglesa).
Terminada la organización de fuerzas, la junta de Iquique expedicionó al sur, ya que Balmaceda había reunido 32.000 hombres, para rechazar cualquier intento de desembarco, pero divididos en varias fuerzas (Balmaceda se negó a agrupar sus fuerzas).13 14 Como Jefe del ejército congresista fue nombrado Estanislao del Canto. El objetivo de los congresistas era derrocar a Balmaceda antes de que este recibiera los blindados recientemente comprados, el Presidente Errázuriz y el Presidente Pinto, que hubieran equiparado el poder naval del presidente con la de los congresistas.15

Conspiraciones

La acción militar y naval de la junta debía ser secundada por el comité secreto de Santiago, que planeó inutilizar las torpederas del gobierno y la destrucción de puentes para evitar la concentración de las unidades a lo largo del país. Lo primero fue intentado por Ricardo Cumming, industrial de Valparaíso; pero fue delatado por uno de sus cómplices, sometido a un consejo de guerra que lo condeno a muerte siendo fusilado el 12 de julio.

Masacre de Lo Cañas

Más de setenta jóvenes de familias acaudaladas se reunieron junto a unos veinte artesanos en el fundo de Lo Cañas, de propiedad de Carlos Walker Martínez, a fin de organizar y preparar el corte del Puente del Maipo. Antes de lograr su objetivo, fueron descubiertos, muriendo la mayoría de ellos en el posterior ataque del Ejército presidencial, siendo los restantes aprehendidos y conducidos a la capital, donde, sometidos a Consejo de Guerra, fueron condenados a muerte y fusilados. Este hecho, después conocido como la matanza de Lo Cañas, fue ampliamente publicitado y provocó un reacción fuertemente negativa, aumentando el apoyo al Congreso.

Batalla de Concón

Las tropas constitucionalistas desembarcaron en Quintero y atravesaron el Aconcagua el 20 y 21 de agosto en número de más de 9000 combatientes, y enfrentando a los 7000 hombres de Balmaceda, que eran comandados por los generales Orozimbo Barbosa y Alcérrega sobre las alturas de Concón. Estos jefes no recibieron los refuerzos venidos de Santiago y Concepción y fueron derrotados el 21 de agosto.

Batalla de Placilla

El ejército congresista dejó Viña del Mar y Concón, enfrentándose en la meseta de la Placilla con el ejército de Barbosa y Alcérrega el 28 de agosto, la batalla fue tan corta como decisiva, las tropas balmacedistas fueron completamente derrotadas, siendo sus generales ultimados.

Muerte de Balmaceda: triunfo de la revolución

Portada del periódico El Ferrocarril informando el término de la Guerra Civil de 1891.
Al conocer la noticia de la derrota en Placilla, Balmaceda entrega el mando del poder ejecutivo al General Manuel Baquedano el 29 de agosto y se asiló en la Legación Argentina ese mismo día.16
Baquedano no supo impedir el saqueo y destrozos en las propiedades y viviendas de los partidarios del presidente.17 En parte fue producto de las acciones de venganza del sector vencedor, pero también se debió al vacío de poder dejado por las autoridades balmacedistas, lo que será aprovechado por turbas y delincuentes e incluso por robos efectuados por el ejército vencido, al quedar sin jefes responsables.18
El 30 de agosto ingresan las fuerzas del Congreso a Santiago.
El capítulo final se da el 19 de septiembre, en la embajada argentina, con el suicidio de José Manuel Balmaceda, en la fecha correspondiente al día posterior a la del fin de su mandato presidencial.
Se calcula que en la guerra civil aproximadamente entre 50001 y 10 0002 personas murieron de una población de dos millones y medio de habitantes.
Tras la victoria sobre las fuerzas de Balmaceda, asume el control la Junta de Gobierno de Iquique el 31 de agosto de 1891, que fue trasladada a Santiago. Esta dio lugar a una nueva Junta el 3 de septiembre que convocó a elecciones de senadores, diputados, municipales y electores de presidente, con arreglo a la ley electoral de 1890. Repuso en sus cargos a los cargos del Poder Judicial destituido por la "dictadura" de Balmaceda, dio de baja a los miembros de las fuerzas armadas que habían servido al régimen caído y reorganizó a los empleados civiles del mismo.
El Almirante Jorge Montt asume la presidencia el 26 de diciembre, después de la elecciones de octubre.

Eventos posteriores

La derrota del Presidente significó el inicio de un período en la Historia de Chile conocido como el pseudoparlamentarismo o cuasiparlamentarismo (ver República Parlamentaria), que se extendió entre 1891 y 1925, en el cual los Presidentes de la República estuvieron fuertemente controlados por el Congreso, el que debía aprobar a su gabinete de ministros.
Se aprueban leyes de amnistía en diciembre de 1891 (que favorece a personal subalterno de las fuerzas armadas), febrero de 1893 (oficiales superiores), agosto de 1893 (a las víctimas de la Masacre de Lo Cañas, no a sus involucrados), agosto de 1893 (que cubre ambos bandos), diciembre de 1895 (pensiones para el personal de la administración pública que fue expulsado de su puesto).
Los partidarios de Balmaceda fundaron el Partido Liberal Democrático, conocido como el partido balmacedista. Su objetivo era cumplir el programa económico de Balmaceda y reformar la constitución para volver al presidencialismo previo a 1891. Sin embargo, en breve tiempo, cayó en las tácticas del parlamentarismo chileno.
Debido a las tensiones entre el nuevo gobierno y el gobierno de los Estados Unidos, que había apoyado a Balmaceda, se produjo el caso Baltimore.

Guerra civil chilena (1829-1830)

La Guerra civil chilena de 1829 a1830, también conocida como Revolución de 1829 o Revolución Conservadora, fue el enfrentamiento que puso término a la denominada Organización de la República de Chile.
El movimiento dieguista de los pelucones de carácter oligarquico y conservador estalló el 7 de noviembre de 1829, como consecuencia de la elección por parte del Congreso de José Joaquín Vicuña como vicepresidente, quien figuraba en cuarto lugar en las elecciones presidenciales que le dieron el triunfo a Francisco Antonio Pinto.
El golpe de Estado fue ejecutado por un ejército que comandaban José Joaquín Prieto y Manuel Bulnes, un ejército mercenario que se reclutó entre inquilinos de fundos más algunas tropas que Manuel Bulnes trajo de La Frontera, donde combatían a los mapuches. El financiamiento lo aportaron Diego Portales y otros mercaderes.
Así, al día siguiente de la proclamación se produjo el acuerdo golpista que estalló en las provincias de Concepción-Maule, las cuales desconocían la legalidad de la proclamación de Presidente y vicepresidente realizada por el Congreso.
Ante este estado de cosas, el Presidente Pinto presentó la renuncia, para evitar con ello la continuación del golpe de estado, pero el Congreso no se la aceptó sino hasta la segunda vez de presentada y le entregó el mando a Francisco Ramón Vicuña.
El 9 de noviembre de 1829, Bulnes estaba en la ciudad de Rancagua. Todo el territorio, desde el río Biobío al río Maule, quedaba en poder de Prieto.
Al reunirse ambos jefes en Rancagua, tenían una fuerza no superior a mil hombres. Mientras tanto la pasividad del ejército del gobierno movió a los mentores del presidente Vicuña a solicitar a éste el concurso de Ramón Freire, quien rechazó la oferta por ser contrario al Presidente.
Ante la situación comprometida de Prieto, Diego Portales preparó un levantamiento en Santiago. Para salvar la situación, el Presidente Vicuña llamó a elecciones, las que terminaron con una revuelta que lo obligó a refugiarse en Valparaíso.
En la tarde del día de la revuelta había dos poderes: uno formado por una junta constituida por Ramón Freire, Juan Agustín Alcalde y Francisco Ruiz-Tagle y otro por el Presidente Vicuña y sus tres ministros, que se encontraban en Valparaíso, y quienes no quisieron llegar a ningún acuerdo con los golpistas, a pesar de que ambos ejércitos estaban de acuerdo en terminar la lucha.
En vista de ello, los ejércitos, uno al mando de Prieto (por los golpistas) y el otro al mando del general Francisco de la Lastra (por el gobierno), se encontraron en la chacra de Ochagavía, en los suburbios al sur de Santiago, dispuestos a dirimir por las armas el conflicto político.
Prieto estaba convencido, si no de su próxima derrota, al menos de la imposibilidad de batir a De la Lastra, por lo que ambos convinieron, tras la Acción de Ochagavía, un acuerdo (Pacto de Ochagavía), según el cual ambos ejércitos se ponían a las órdenes de Ramón Freire, quien se hacía cargo también del poder político, procediendo a la elección de una Junta Provisional.
Este tratado, ya antes de ser firmado, estaba llamado al fracaso, pues ambos bandos estaban dispuestos a seguir la guerra civil a toda costa.
A la vez que en Ochagavía se firmaba este acuerdo, la provincia de Coquimbo caía en poder de las tropas golpistas y capturaban al Presidente Vicuña, quien había huido a esta provincia después de la toma de Valparaíso.
Concepción era dominada también, quedando prácticamente todo el país en manos de los golpistas. Se eligió una Junta de Obediencia al Compromiso de Ochagavía, que fue compuesta por José Tomás Ovalle, Isidoro Errázuriz y Pedro Trujillo. Esta junta no poseía voluntad activa y estaba aplastada por dos ejércitos enemigos, ninguno de los cuales era adicto.
Pronto se produjo el rompimiento entre Freire y los golpistas. Este se dirigió al norte con tres batallones, mientras tanto en Santiago se organizaba la junta. Llamó a la formación de un Congreso de Plenipotenciarios para nombrar Presidente de la República, recayendo el nombramiento como interino en la persona de Francisco Ruiz-Tagle y de vicepresidente en José Tomás Ovalle (17 de febrero de 1830).
Ruiz-Tagle no tuvo tropiezos en reparar la campaña contra Freire, aunque Prieto procedía sin tomarlo en cuenta.
El efímero prestigio alcanzado por la junta se desvaneció y Ruiz-Tagle tuvo que renunciar delegando el mando en Ovalle, a quien se le presentó el problema de que nadie quería asumir las responsabilidades ministeriales y Portales prefería mantenerse al margen.
Ante la insistencia para hacerse cargo de los ministerios, Portales se vio obligado a aceptar, el 6 de abril de 1830, en calidad de ministro universal, lo que decidió la suerte de Chile. Esta solución determinó quePrieto siguiera las sugestiones políticas de Portales.
Mientras Benjamín Viel se apoderaba de Concepción y ponía sitio a Chillán, Ramón Freire trataba de reunirse con él por mar, logrando por fin reunir sus fuerzas. Estas eran, pues, la unión de las de Viel, Rondizzoni, Tupper y Freire. Sumaban, entre todas, 1.750 soldados y cuatro cañones.
El intacto ejército de Prieto contaba con 2.200 hombres y 12 cañones.
Ambos bandos se encontraron en las orillas del río Lircay, trabándose en un combate conocido como Batalla de Lircay el 17 de abril de 1830, que fue un gran desastre para Freire.
El número de muertos y heridos fue enorme y el coronel Tupper luego de haberse rendido fue "Hachado" a sablazos por orden de Prieto, lo mismo que el oficial de marina Roberto Bell. En la masacre de estos oficiales se ponía de relieve el resentimiento alimentado por los generales golpistas contra los extranjeros que dirigían las fuerzas combatientes, al culparles de ser los causantes de la guerra.
Prieto se había propuesto concluir la guerra por el aniquilamiento del ejército de Freire, lo que logró ampliamente.
Se terminó el conflicto con la pacificación de las provincias de Coquimbo, Concepción y Chiloé. De éstas, fue la más difícil la primera, por la unión de de Pedro Uriarte y Viel, que a pesar de sus 600 hombres no pudieron oponer resistencia al general gobiernista José Santiago Aldunate, con el cual llegaron a un acuerdo, firmando el Tratado de Cuz-Cuz.
Históricamente, la Guerra Civil de 1829-1830 tuvo mucho influjo en el ámbito político y a pesar que enfrentó a bandos opuestos, (o'higginistas, estanqueros y pelucones contra pipiolos). Después de Lircay y de la represión brutal, los triunfadores conservadores siguieron encontrando oposición. Hubo cerca de siete motines militares y civiles entre 1830 y 1837. El último fue el que liquidó a Diego Portales. Ante estos hechos, Chile entra en el período conocido como República Conservadora o República Autoritaria. Con posterioridad el orden portaliano encontró la oposición sólo civil sino militar, entre las que se cuentan la de la Sociedad de la Igualdad, las guerras civiles de 1851 y 1859, entre otros acontecimientos.

Guerra civil argentina entre 1848 y 1856

Desde 1814 en adelante, la República Argentina se había visto sacudida por una serie de guerras civiles, que enfrentaron al partido federal con el centralismo, generalmente identificado con los gobiernos porteños. Esta situación privó al país de un gobierno central – en forma casi permanente – desde 1820 en adelante.
Desde 1831, el sistema de organización estatal estaba determinado por la llamada Confederación Argentina, una laxa unión de estados provinciales, unidos por algunos pactos y tratados entre ellos. Desde 1835, el dominio real del país estuvo en manos del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, munido además de la "suma del poder público"; es decir, una dictadura casi absoluta, en que la legislatura porteña jugaba un papel moderador muy poco visible.
En 1839, y en mayor medida a partir de 1840, una cruel guerra civil sacudió todo el país, afectando a todas y cada una de las provincias – algo que no había ocurrido en tal medida hasta ese momento – y costando miles de víctimas. Rosas logró vencer a sus enemigos, asegurando su predominio aún más acentuado que antes. Una campaña en el interior del Chacho Peñaloza y una larga rebelión de la provincia de Corrientes logró afectar a las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, pero también fueron derrotados en 1847. Desde entonces, la Confederación gozó de una relativa paz.



Conflictos en el interior antes de Caseros

En Mendoza hubo una revuelta en marzo de 1847 contra el gobernador, general Pedro Pascual Segura, promovida por el embajador de Rosas en Chile, Bernardo de Irigoyen; Segura debió renunciar, y en su lugar fue electo Roque Mallea. Contra éste se levantó uno de los antiguos oficiales de Aldao y jefe de la frontera sur de la provincia, Juan Antonio Rodríguez, en febrero de 1848. El general Nazario Benavídez, gobernador de la provincia de San Juan, organizó rápidamente tropas de las tres provincias cuyanas y avanzó a su encuentro, derrotándolo el 10 de marzo en Coihueco y fusilándolo a continuación.
En San Luis estalló una revolución en octubre de 1848, de resultas de la cual fue arrestado el gobernador Pablo Lucero; pero fue repuesto ocho días más tarde y mandó fusilar a algunos de los oficiales sublevados.1
En julio de 1845 se levantó contra el gobernador riojano Hipólito Tello el comandante de Famatina, Vicente Mota. La legislatura convalidó el golpe y eligió gobernador a éste. Su complicado gobierno duró hasta que fue derrocado por una revolución dirigida por el "Chacho" Peñaloza, recientemente regresado a su provincia, en marzo de 1848.
Manuel Vicente Bustos, verdadero organizador de la revuelta, fue nombrado gobernador. Tuvo relaciones muy tensas con Rosas, pero éste terminó aceptándolo como federal; el ubicuo Bustos pasaría más tarde por urquicista y luego por mitrista. El principal peligro para su gobierno era el ex gobernador Mota, que regresó desde Córdoba en septiembre, ingresando a su provincia por la zona de San Blas de los Sauces; allí fue derrotado por el Chacho, el 9 de septiembre, en el combate de los Sauces. En enero del año siguiente volvió Mota con un grupo armado a su provincia, pero una revolución en su apoyo fracasó. En diciembre de 1850, el coronel Andrés Ocampo intentó derrocar al gobernador, pero fue disuadido por el general Nicolás Dávila; cuando ya había renunciado a sublevarse, fue capturado por orden de Bustos y fusilado. Por último, a fines de julio de 1851, el ex gobernador Mota intentó una nueva revolución, pero fue apresado y fusilado cerca de la capital de la provincia. Desde entonces, Bustos pudo continuar su gobierno en paz.2
El mismo día que murió el caudillo santiagueño Juan Felipe Ibarra, en julio de 1851, fue electo gobernador interino su pariente y socio Mauro Carranza. Éste llamó a elecciones para reinstalar la legislatura, que no existía desde hacía quince años. Mientras Carranza organizaba su gobierno, Manuel Taboada, sobrino de Ibarra, organizó a todos los jóvenes descontentos con el largo gobierno de su tío, y con ellos armó una lista completa de candidatos a diputados. En las elecciones de septiembre, Taboada derrotó a Carranza. El gobernador declaró nulas las elecciones.
El después general Antonino Taboada organizó fuerzas militares con los gauchos del este de la provincia, y puso sitio a la capital. Cuatro días más tarde, Carranza huyó a Tucumán, a pedir ayuda al gobernador Celedonio Gutiérrez. A principios de octubre, Manuel Taboada asumía el gobierno.
Gutiérrez organizó sin apuro su ejército, pero antes de que pudiera moverse, se enteró de la invasión desde Bolivia del coronel unitario Juan Crisóstomo Álvarez. Se dedicó a repeler esa invasión.
De modo que Antonino Taboada no tuvo problemas para derrotar en dos batallas, en diciembre y enero, a los aliados de Carranza, Manuel Ibarra y Pío Achával.3
Crisóstomo Álvarez había partido desde Copiapó, en Chile, con sólo 193 hombres, aunque al llegar a territorio argentino logró aumentarlos a 300. Llegó a Santa María en enero de 1852, y de allí pasó a Tafí del Valle, donde derrotó a una pequeña partida federal; desde allí mandó una arrogante exigencia de renuncia al gobernador, amenazando con la muerte a los que no se rindieran, y asegurando que contaba con el apoyo de Urquiza. El coronel Espinosa lo derrotó en Vipos, pero de todas formas logró aproximarse a la capital, para después ocupar Monteros. Pocos días más tarde, el mismo Espinosa lo derrotó una vez más en Rincón del Manantial y lo hizo fusilar por orden de Gutiérrez, el 17 de febrero. Una semana después, llegaba a Tucumán la noticia de la batalla de Caseros, que hubiera evitado su muerte.
En 1848, el gobernador jujeño Mariano Iturbe intentó recuperar por la fuerza la ciudad de Orán y las villas de Iruya y Santa Victoria, que habían pasado de la jurisdicción jujeña a la de Salta; desistió ante la amenaza de Rosas de apoyar al gobierno salteño. En enero de 1849, Iturbe –que había ya sido reelecto varias veces –renunció a una nueva elección e hizo elegir a su amigo Pedro Castañeda. Éste fue derrocado en el mes siguiente por el coronel Mariano Santibáñez, de trayectoria unitaria, pero fue repuesto en su cargo por presión del gobernador salteño Rufino Tamayo, que llegó a invadir la provincia.
El sucesor de Castañeda fue el unitario José López Villar, que reemplazó a varios funcionarios federales. En respuesta, el general Iturbe se sublevó en la Quebrada de Humahuaca y venció la débil resistencia del coronel Santibáñez, mientras el gobernador de Salta, José María Saravia, invadía la provincia desde el sur. Pese a que López Villar intentó salvar su gobierno nombrando a Iturbe comandante del ejército provincial, Saravia ocupó Jujuy e hizo elegir gobernador a Iturbe el 13 de septiembre de 1851. Ese mismo día fue mandado fusilar Santibáñez.4

Fin del Bloqueo Anglofrancés

Desde 1844, la ciudad de Montevideo estaba sitiada por el general Manuel Oribe, que controlaba casi todo el país y se consideraba presidente legal del Uruguay. Contaba con una valiosa ayuda material y militar de parte de Rosas, que incluía importantes fuerzas militares argentinas participando del sitio de Montevideo. No obstante, la ciudad resistió con ayuda del bloqueo anglo-francés del Río de la Plata; las fuerzas de Gran Bretaña y Francia bloqueaban el Río de la Plata e impedían los movimientos navales argentinos en apoyo de Oribe. La situación quedó, por consiguiente, en un punto muerto. Al menos, hasta que – en 1847 – se produjo la caída de la última resistencia contra Rosas en el interior de la Argentina.
Sin más aliados que los defensores de Montevideo, los ingleses dudaron de las posibilidades de vencer a Rosas. Como, al fin y al cabo, Rosas tenía buenas relaciones diplomáticas y comerciales con ellos, transaron en lo que pudieron, aceptaron lo poco que cedía Rosas y en noviembre de 1848 se firmó el Tratado Arana-Southern, por el que Inglaterra levantaba unilateralmente el bloqueo. El nuevo gobernante francés, Napoleón III, mantuvo todavía la postura de su antecesor un tiempo más, pero terminaría ordenando la firma del Tratado Arana-Lepredour, firmado en enero de 1850.5
Los defensores de Montevideo estaban solos, y era evidente que la ciudad no resistiría mucho más. Para aumentar la presión sobre la ciudad sitiada, Rosas prohibió todo tipo de comercio con Montevideo, que se había tolerado hasta entonces. La ciudad quedó comercialmente bloqueada – aunque no por fuerzas navales.
Pero la prohibición trajo un problema inesperado: el principal beneficiario del comercio con Montevideo era el comercio entrerriano, y en particular el propio gobernador, general Justo José de Urquiza. Tocado en sus intereses materiales, pero también convencido de la necesidad de renovación política y de organización constitucional, y con varios antecedentes de ofrecimientos de alianzas de parte de los unitarios, Urquiza buscaba su oportunidad de forzar a Rosas a ceder.6 O de terminar con él.

El Pronunciamiento

A fines de 1850, el Imperio del Brasil salió en defensa de Montevideo. La existencia de la República Oriental del Uruguay había sido hasta entonces la garantía de que podía contar con bases comerciales en el Río de la Plata, por lo que la caída de ésta en poder de un aliado de Rosas podía ser peligrosa para sus intereses.
Ante la actitud hostil del Imperio, Rosas se preparó para la guerra: envió tropas a Urquiza y lo nombró jefe de un "ejército de observación" para, eventualmente, tomar parte en una nueva guerra contra el Brasil. Pero Urquiza las aprovechó en provecho de sus planes.
Urquiza interpretó que Rosas abría un nuevo frente para seguir postergando la organización constitucional; se puso en contacto con los enviados del gobierno de Montevideo y del Imperio. Reafirmó la alianza con el gobernador de la provincia de Corrientes, Benjamín Virasoro, y ordenó la prisión y el fusilamiento del presidente del congreso provincial correntino. La preocupación principal de ambos era la de liberar el comercio fluvial y ultramarino, pero también reclamaban su participación en los ingresos de la Aduana de Buenos Aires.
Pero Urquiza no se movió hasta asegurarse la provisión de lo único que le faltaba: dinero. Y el encargado de proveérselo fue el Barón de Mauá, el banquero más importante del Brasil, cuyo emperador financió las campañas de Urquiza.7 8

El 1 de mayo de 1851, Urquiza lanzó en Paraná su "Pronunciamiento" contra Rosas: la legislatura entrerriana aceptó las repetidas renuncias de Rosas a la gobernación de Buenos Aires y a seguir haciéndose cargo de las relaciones exteriores. Reasumió el manejo de la política exterior y de guerra de la provincia. Por último, reemplazó de los documentos el ya familiar "¡Mueran los salvajes unitarios!", por la frase "¡Mueran los enemigos de la organización nacional!"
Unos pocos días más tarde, Corrientes imitó las leyes de Entre Ríos.
La prensa porteña reaccionó indignada por esta "traición"; todos los demás gobernadores lanzaron anatemas y amenazas públicas contra el "loco, traidor, salvaje unitario Urquiza." En los meses siguientes, la mayor parte de ellos hizo nombrar a Rosas "Jefe Supremo de la Nación", esto es, un presidente sin título de tal, ni congreso que lo controlara. Pero ninguno se movió en su defensa.
Rosas mismo reaccionó con una lentitud poco habitual en él; los años lo habían convertido en un eficiente burócrata, pero ya había perdido la capacidad de sopesar los problemas y reaccionar ante ellos. Simplemente esperó.

Campaña al Uruguay

A fines de mayo se firmó un tratado entre Entre Ríos, el gobierno de Montevideo y el Imperio del Brasil, que acordaba una alianza para expulsar al general Manuel Oribe del Uruguay, llamar a elecciones libres en todo ese país y, si – como era de esperarse – Rosas declaraba la guerra a una de las partes, unirse para atacarlo.
Como primer paso de su plan estratégico, ingresó con los ejércitos correntinos – al mando de José Antonio Virasoro – y entrerrianos a territorio uruguayo en el mes de julio. En total, llevaba más de 6.000 hombres. Con él venía el general Eugenio Garzón, enemigo de Oribe desde poco antes de Arroyo Grande, y a él se fueron pasando los ejércitos "blancos" orientales.
Simultáneamente, por el norte del país ingresaron tropas brasileñas. En respuesta, Rosas declaró la guerra al Brasil.
No hubo guerra: Oribe quedó prácticamente solo, defendido únicamente por las fuerzas porteñas. Y éstas no tenían instrucciones adecuadas sobre lo que tenían que hacer. De modo que Urquiza y Oribe firmaron un pacto el 8 de octubre, por el que se levantaba el sitio. Oribe se renunció y se alejó de la ciudad sin ser hostilizado; a cambio, el gobierno de todo el país, incluida Montevideo, sería asumido por el general Garzón. Éste nunca llegó a asumir la prometida presidencia, ya que falleció poco después. En su lugar fue nombrado Juan Francisco Giró.
La ayuda brasileña se pagó cara: el Imperio forzó al nuevo gobierno a aceptar tratados por los cuales el Uruguay cedía una gran franja de territorio en el norte del país; ese territorio estaba ocupado por ganaderos brasileños, protegidos por fuerzas brasileñas, pero hasta entonces era reconocido como parte del Uruguay. Además, el Uruguay reconocía al Brasil como garante de la independencia, del orden y de las instituciones uruguayas; el Imperio se aseguraba el el derecho de intervenir en la política interna de su vecino sin ningún control externo.
Urquiza permitió a los jefes porteños embarcarse hacia Buenos Aires, dando a entender que sus tropas los seguirían. Pero los oficiales fueron alejados de la costa por los buques ingleses y las tropas porteñas fueron incorporadas a la fuerza al ejército de Urquiza, bajo el mando de oficiales unitarios. Desde entonces, sus fuerzas pasaron a llamarse Ejército Grande.

Campaña del Ejército Grande

A fines de octubre, Urquiza estaba de vuelta en Entre Ríos. Durante su ausencia, el coronel Hilario Lagos había salido de Entre Ríos con las tropas que allí tenía Rosas.
A fines de noviembre, el Brasil, el Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes declararon la guerra a Rosas. El Imperio concedía un crédito de cien mil "patacones" (reales) para financiar la guerra, cifra que se reconocía como deuda de la Nación Argentina.
Tras reunir y adiestrar sus fuerzas en Gualeguaychú, el Ejército Grande se concentró en Diamante, puerto de Punta Gorda. Desde allí, las tropas fueron cruzando el Paraná desde la víspera de Navidad hasta el día de Reyes de 1852. Las tropas de infantería y los pertrechos de artillería cruzaron en buques militares brasileños, mientras la caballería cruzó a nado.
Desembarcaron en Coronda, a mitad de camino entre Rosario y Santa Fe. El gobernador Echagüe abandonó con sus fuerzas la capital, para enfrentar al ejército enemigo y contactar al general Pacheco, que tenía su división en San Nicolás de los Arroyos. Pero las tropas santafesinas se sublevaron; rápidamente, Urquiza envió hacia allí a Domingo Crespo, que asumió como gobernador. Las tropas rosarinas de Mansilla se sublevaron y se pasaron a Urquiza, de modo que – con lo que les quedaba – Echagüe, Pacheco y Mansilla debieron retroceder hacia el sur. La provincia de Santa Fe había sido tomada tan pacíficamente como el Uruguay, y Juan Pablo López se puso al mando de los santafesinos unidos al Ejército Grande.9
En camino hacia Buenos Aires, un regimiento entero se pasó a las fuerzas de Buenos Aires, asesinando a su jefe, el coronel unitario Pedro León Aquino, y a todos sus oficiales; eran de las fuerzas porteñas que habían sido obligadas a unirse a Urquiza en Montevideo.
Rosas nombró a Pacheco jefe del ejército provincial, pero luego dio órdenes contradictorias a Hilario Lagos, sin informar al general. El gobernador se instaló en su campamento de Santos Lugares, dando órdenes burocráticas y sin decidir nada útil. Pacheco, cansado de un jefe que arruinaba sus esfuerzos, renunció al mando del ejército y se retiró a su estancia sin esperar respuesta.10
De modo que Rosas asumió personalmente el mando de su ejército; fue una pésima elección, ya que – si bien era un gran político y organizador – no era en absoluto un general capaz. No maniobró para elegir un campo de batalla, ni se retiró hacia la capital a esperar un sitio; simplemente esperó. Su única avanzada, al mando de Lagos, fue derrotada en los "campos de Álvarez" el 29 de enero.

Caseros

El Ejército Grande tenía 24 mil hombres, mientras Rosas tenía 23 mil; no había gran diferencia en el armamento, en que tal vez era ligeramente superior el ejército porteño. Pero, si Rosas contaba con algunos jefes expertos y capaces, como Lagos, Jerónimo Costa, Martiniano Chilavert11 y Pedro José Díaz,12 sus tropas eran en general ancianos y jovencitos. Y su jefe era Rosas, que no se podía medir con Urquiza.
Del lado de Urquiza combatieron jefes capaces como el brasileño Duque de Caxias, César Díaz, José María Pirán, José Domingo Ábalos, Miguel Galarza y Manuel Urdinarrain, mezclados con otros que no lo eran tanto, como los impetuosos Lamadrid, Juan Pablo López, Anacleto Medina y Bartolomé Mitre. El jefe de estado mayor del Ejército Grande era Benjamín Virasoro.
La Batalla de Caseros duró desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde del 3 de febrero de 1852. Diversas fuentes difieren enormemente en el relato de la misma, ya que el enorme tamaño del frente de combate hizo que nadie supiera exactamente qué pasaba en todo el mismo. De hecho, fue la batalla más grande de la historia de Sudamérica por el número de combatientes; en cambio, las fuentes citan cifras muy variables de bajas de cada lado.
A pesar de la firme resistencia que opusieron Chilavert y Pedro Díaz con su artillería e infantería, el grueso del ejército de Rosas abandonó el campo sin casi combatir. Rosas se retiró cuando ya todo estaba perdido,13 y en el camino hacia la ciudad escribió su renuncia. Se asiló en la embajada inglesa y se embarcó en secreto hacia Gran Bretaña, de donde nunca regresaría.

Después de Caseros

Buenos Aires quedó sumida en la confusión, y las tropas de ambos bandos saquearon las casas y comercios. Mientras tanto, las tropas de Urquiza ejecutaban a los coroneles Martín Santa Coloma y Chilavert.14
Urquiza ocupó la quinta de Rosas en Palermo, y dos días más tarde nombró gobernador a Vicente López y Planes. Éste nombró su ministro de gobierno a Valentín Alsina, líder de los unitarios exiliados en Montevideo. Junto con éste, llegaron a Buenos Aires Domingo Faustino Sarmiento, Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez y otros exiliados. En los meses siguientes también llegarían el general Paz y muchos otros.
El 20 de febrero, aniversario de la batalla de Ituzaingó, las tropas brasileñas y urquicistas desfilaron por Buenos Aires.
Poco después se inició una puja entre federales y unitarios; éstos pretendían imponer al país la supremacía porteña, la misma que había defendido Rosas, sólo que con una tinte liberal. En las elecciones para una nueva legislatura, triunfaron los unitarios; pero la nueva legislatura confirmó como gobernador a Vicente López.
Muchos de los gobernadores fueron derrocados: en Jujuy, Iturbe fue derrocado y fusilado.4 En Salta, José Manuel Saravia al menos salvó la vida. En Córdoba, un motín de cuartel derrocó a "Quebracho" López, y en Mendoza, el general Segura regresó al gobierno sin mayor problema.
Urquiza invitó a las demás provincias a una reunión a celebrarse en San Nicolás de los Arroyos. Ésta se realizó en los últimos días de mayo, y de ella surgió el Acuerdo de San Nicolás: se convocaba a un Congreso General Constituyente, que debía sancionar una constitución que tuviera en cuenta los pactos que hasta entonces habían unido a las provincias. Por otro lado, se otorgaba a Urquiza el cargo de Director Provisorio de la Confederación.
Mientras estaban reunidos allí, los gobernadores de Tucumán y San Juan, Gutiérrez y Benavídez, fueron derrocados en ausencia. Benavídez no tuvo problemas en recuperar el gobierno, pero Gutiérrez debería hacerlo por la fuerza. Unos meses más tarde, también el correntino Virasoro sería derrocado para ser reemplazado por el ministro de Urquiza, Juan Pujol.
Sólo cuatro gobernadores continuaron sus mandatos después de 1852: Taboada en Santiago del Estero y Bustos en La Rioja, que se pasaron visiblemente de bando (y nueve años más tarde se pasarían a los vencedores de Pavón). Los otros dos que conservaron sus gobiernos fueron Lucero, en San Luis, y el propio Urquiza.

La rebelión porteña

Los dirigentes unitarios de la legislatura porteña decidieron rechazar el Acuerdo de San Nicolás, ya que se oponían a cualquier organización nacional que no fuera controlada por Buenos Aires. El Acuerdo establecía que cada provincia estaría representada por dos diputados, contradiciendo la estrategia clásica de los porteños, de defender la representación proporcional, que les daba un amplio predominio. Por otro lado, los porteños habían controlado todas las asambleas constituyentes porque éstas se habían reunido en Buenos Aires.
Usaron la excusa de que López lo había firmado sin su autorización, y luego en que los poderes concedidos a Urquiza eran excesivos. Bartolomé Mitre dirigió los discursos, y la legislatura rechazó el Acuerdo.
Urquiza ocupó la ciudad con su ejército, disolvió la Sala, cerró los periódicos opositores, y deportó a Mitre, Alsina y varios dirigentes más. De inmediato ocupó la gobernación; era la primera intervención federal de nuestra historia.
La oposición quedó desarticulada, pero se preparó para cuando Urquiza abandonara la ciudad. Eso se produjo en septiembre; el 11 de septiembre estalló una revolución contra el gobernador delegado, general José Miguel Galán, que debió abandonar precipitadamente la provincia. La legislatura disuelta se reunió y eligió gobernador a Alsina.
De inmediato organizaron dos ejércitos: uno, al mando del general Paz, se estableció en San Nicolás. Paz pidió permiso para viajar al interior a convencer a los demás gobernadores de la postura porteña, pero le fue negado. De modo que organizó una invasión a Santa Fe.15
El otro ejército se dividió en dos cuerpos: uno al mando de Juan Madariaga y el otro de Manuel Hornos. Con la excusa de devolver sus tropas a Corrientes, invadieron Entre Ríos y avanzaron hacia el interior. Una vez repuestas de su sorpresa, las tropas entrerrianas derrotaron completamente a Hornos cerca de Concepción del Uruguay.16 Madariaga fue derrotado aún más fácilmente cerca de Paraná y debió reembarcarse. Hornos llegó hasta Corrientes, donde exigió ayuda al gobernador Pujol, pero éste lo desarmó y lo expulsó del país.17

El sitio de Buenos Aires

La mayor parte de los oficiales de campaña de Buenos Aires eran ex colaboradores de Rosas. Casi todos ellos pusieron de acuerdo en enfrentar al gobierno porteño, dominado por los unitarios: a fines de noviembre, los coroneles Hilario Lagos, Ramón Bustos, José María Flores y Jerónimo Costa se rebelaron y atacaron la capital. Fueron rechazados por la enérgica reacción dirigida por Mitre.
De modo que Lagos puso sitio a Buenos Aires. Por esos mismos días comenzaba a sesionar la Convención Constituyente de Santa Fe, que sancionaría la Constitución Argentina de 1853. En los primeros días de 1853, el gobierno porteño intentó sublevar el interior de la provincia en su favor, por medio de una campaña dirigida por Pedro Rosas y Belgrano; pero las fuerzas de éste fueron destruidas en la batalla de San Gregorio.18 Lagos, Flores y Costa fueron ascendidos a generales, y Urquiza se unió al sitio de Buenos Aires.
Pero los federales no tenían recursos económicos, y la prolongación del sitio hizo caer rápidamente la moral de los soldados. La pequeña flota de Urquiza logró bloquear la ciudad, pero al poco tiempo su comandante John Halstead Coe, norteamericano, fue sobornado para entregar la escuadra a los porteños. Y el general Flores los abandonó, desembarcando en el norte de la provincia y comenzando a reunir disidentes contra Lagos. De modo que Urquiza levantó el sitio en junio de 1853 y se retiró a Rosario.
Desde entonces, el Estado de Buenos Aires permaneció separado de la Confederación Argentina. Sancionó su propia constitución, que dejaba abierta la posibilidad para una independencia definitiva.

Guerra civil en el norte

Celedonio Gutiérrez no aceptó pasivamente su derrota y se dirigió a Tucumán, esquivando el intento de Antonino Taboada de asesinarlo. Reunió una pequeña fuerza adicta, pero fue derrotado y se retiró a Catamarca. Su gobernador Pedro José Segura firmó con Taboada y Manuel Espinosa – de Tucumán – un tratado de paz, comprometiéndose a desarmar a Gutiérrez. Pero Gutiérrez organizó desde Catamarca una revolución contra Espinosa, que fue derrocado en enero de 1853, y regresó a su provincia.
Antonino Taboada invadió Tucumán para reponer a Espinosa, pero ambos fueron vencidos por Gutiérrez en febrero de 1853, en el combate de Arroyo del Rey, en que Espinosa perdió la vida.
Taboada dirigió desde entonces partidas de bandoleros a atacar a Tucumán, para debilitar a Gutiérrez. De esas partidas formaba parte un caudillo tucumano, el cura de Monteros, José María del Campo, uno de los diputados que había elegido a Espinosa. Mientras tanto, animado por el éxito de Gutiérrez, Manuel Saravia intentó regresar a Salta, pero fue vencido por el coronel Aniceto Latorre el 27 de agosto.
Gutiérrez perdió la paciencia, y en octubre invadió Santiago del Estero sin encontrar resistencia y ocupando la capital. Pero a sus espaldas, Taboada había ocupado San Miguel de Tucumán, nombrando gobernador al cura Campo.
De modo que Gutiérrez debió retroceder hacia su provincia; de camino fue derrotado por los unitarios en la batalla de Río Hondo. Otro jefe unitario, el sanjuanino Anselmo Rojo, derrotó a los federales en la batalla de Tacanitas, en octubre. De todos modos, Gutiérrez ocupó la capital de su provincia, mientras Campo ocupaba el sur de la misma.3
Gutiérrez pidió la mediación de Urquiza, pero éste había delegado el gobierno en Salvador María del Carril, unitario de larga trayectoria. Lo primero que éste hizo fue felicitar a Campo por su elección; a continuación envió dos unitarios a "mediar" entre éste y Gutiérrez. Como era de esperar, Wenceslao Paunero y Marcos Paz exigieron al jefe federal que se retirara, y ante su negativa lo acusaron de haber querido asesinarlos.
De modo que Campo y Taboada atacaron a Gutiérrez el día de Navidad de ese año de 1853, derrotándolo. Gutiérrez se exilió en Bolivia y Campo ocupó el gobierno, persiguiendo a los federales con prisiones y ejecuciones.19
Como resultado de esta guerra, ni Santiago del Estero ni Tucumán participaron en las elecciones para presidente ese año.
Desde entonces, Manuel Taboada dirigió en el noroeste argentino una alianza de gobiernos "liberales" – es decir, de antiguos unitarios –en Tucumán, Salta y Santiago. Se aseguraron, además, que en Salta y Tucumán hubiera varios jefes liberales, peleándose entre ellos, de modo que Taboada quedaba como el jefe indiscutido del grupo. Como un ejemplo de este tipo de conflicto entre liberales, el cura Campo y los miembros de la familia Posse dirigieron en junio de 1856 una revolución contra el nuevo gobernador Anselmo Rojo, que fracasó.20
Durante el resto de la década, estos gobiernos fueron opositores al gobierno de Urquiza, sin declararse en su contra, pero indudablemente aliados del gobierno de Buenos Aires.21

Invasiones federales en Buenos Aires

La mayor parte de los federales porteños, en particular los comprometidos con el sitio de Lagos, emigraron a Paraná, Rosario o Montevideo. Desde allí planearon regresar por medio de una invasión. El primer intento lo dirigió Lagos, en enero de 1854. Esperaba que las fuerzas de campaña se pasaran a su ejército, pero eso no se produjo; debió evacuar la provincia a los pocos días.
En noviembre de ese mismo año, el general Costa avanzó desde Rosario al frente de 600 hombres. Pero el general Hornos le salió al encuentro y lo derrotó en la batalla de El Tala, obligándolo a retirarse.
En diciembre de 1855 hubo un nuevo intento, más elaborado: el general José María Flores desembarcó en Ensenada, mientras Costa lo hacía cerca de Zárate, con menos de 200 hombres.
Al saber de la invasión que se proyectaba, el gobernador Pastor Obligado había dictado la pena de muerte para todos los oficiales implicados – declarándolos bandidos, para no tener que respetarlos como a enemigos –y había ordenado su fusilamiento sin juicio.
Flores avanzó hacia el interior de la provincia, pero el coronel Emilio Conesa maniobró para impedir que se uniera a Costa. De modo que debió retirarse a Santa Fe. Insólitamente, Costa no lo siguió, sino que avanzó hacia Buenos Aires con sus escasas tropas. El 31 de enero de 1856 fue derrotado por Conesa en el combate de Villamayor, cerca de San Justo. La mayor parte de los soldados fueron muertos cuando se rendían, y los oficiales fueron fusilados dos días más tarde.
La matanza de Villamayor obligó a Urquiza a ser más prudente en el control de sus aliados porteños. Pese al reclamo de los federales por venganza, justamente sirvió para que Buenos Aires y la Confederación firmaran una paz. Una paz por demás endeble, pero al menos no hubo más luchas por unos años.22




Guerra civil argentina
(1848-1856)
Guerras civiles argentinas
Mapa ARGENTINA 1858.jpg
Mapa de la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX
Fecha Febrero de 1848 - 31 de enero de 1856
Lugar Confederación Argentina
Resultado Derrota y Exilio de Rosas, Rebelion en Buenos Aires
Consecuencias Guerra de Unificacion Argentina,Secesion de Buenos Aires a la Confederación
Beligerantes
Flag of the Argentine Confederation.svg Confederación Argentina
UruguayOribe.png Partido Blanco(1848-1852)
Flag of Entre Rios (1820-1821).svg Bandera argentina unitaria de guerra.png Flag of Empire of Brazil (1847-1889).svg Flag of Uruguay.svgEjército Grande(1848-1852)
Bandera argentina unitaria de guerra.pngProvincia de Buenos aires(1852-1856)
Comandantes
Juan Manuel de Rosas(1848-1852)
Pedro Pascual Segura
Nazario Benavídez
Jerónimo Costa
Martiniano Chilavert
Pedro José Díaz
Manuel Oribe Justo José de Urquiza(1852-1856)
José Miguel Galán
Pedro Rosas y Belgrano (P.D.G.)
Aniceto Latorre
Justo José de Urquiza(1848-1952)
José López Villar
Duque de Caxias
César Díaz
Gregorio Aráoz de Lamadrid
Juan Pablo López
Eugenio Garzón Bartolomé Mitre(1852-1856)
Juan Madariaga
Manuel Hornos
José María del Campo
Salvador María del Carril
Pastor Obligado
Emilio Conesa